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El triángulo del conocimiento para el desarrollo

Por Alberto L. D’Andrea, Director de la Licenciatura en Biotecnología de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE)

Un proyecto a futuro, tanto a nivel país, industrial o personal, no puede obviar el horizonte referencial científico-tecnológico simbolizado en el triángulo del conocimiento para el siglo XXI. En cada ángulo del triángulo del conocimiento para el desarrollo se ubica una disciplina científico-tecnológica: química, biotecnología y nanotecnología.

La química, en su sentido amplio, estudia las variaciones en la composición de la materia, y por ende los átomos y la forma en que se unen para formar nuevos compuestos. En la actualidad existen más de dos millones de sustancias desarrolladas por los químicos, inexistentes previamente en la naturaleza. Estas nuevas sustancias son centrales en industrias como la farmacéutica, la alimenticia, la cosmética, la producción de pintura, fertilizantes, artículos de limpieza, pesticidas, materiales cerámicos,… Es una ciencia relativamente nueva, de hecho el modelo atómico vigente es de 1926 y de él deriva el conocimiento del estado sólido que llevó directamente al desarrollo desde el transistor hasta los chips actuales.

Una de las ramas de la química, la química biológica comenzó a dilucidar la estructura de las sustancias biológicas: ADN, proteínas, lípidos, así como las reacciones que ocurren en las distintas vías metabólicas. Sobre la base de la química biológica comienza a generarse una nueva tecnología, basada en la utilización de estos mecanismos presentes en los seres vivos para dar respuesta a las crecientes demandas socioeconómicas de la sociedad: la Biotecnología. Le corresponde a la era biotecnológica dar respuestas a las demandas en el área de la salud (terapias celulares, terapias génicas, medicamentos obtenidos por ingeniería genética), de la alimentación (transgénicos), en el área de la energía (biocombustibles), en el área de producción de polímeros biodegradables-reciclables (poliláctico), en el área del medio ambiente (biorremediación),… 

En forma paralela, a la fisicoquímica le comienza a interesar no tanto las uniones entre los átomos sino la forma espacial que toman esas uniones en la sustancia y el efecto producido por su estructura final. Por ejemplo, si puedo unir átomos de modo de formar pequeñas esferas, éstas podrían utilizarse como excelentes lubricantes. Nace así la nanotecnología. La denominación de nanotecnología tiene su origen en la palabra del latín "nanus" que quiere decir enano. Por lo que la nanotecnología se refiere a la tecnología de lo pequeño. Utiliza átomos, moléculas y objetos cuyo tamaño esté comprendido entre 1-100 nanómetros (un nanómetro es igual a 10-9 metros). Los líderes políticos de países desarrollados en todo el mundo invierten fuertemente en nanotecnología. Es así como aparecen los nanorobots que pueden viajar por el torrente sanguíneo, los nanomotores o las fibras más fuertes que se conocen: los nanotubos de carbón. Un solo nanotubo es 10 a 100 veces más fuerte por unidad de peso que el acero y posee propiedades eléctricas muy interesantes.

Finalmente el triángulo cierra con la unión de la biotecnología y la nanotecnlogía para constituir lo que se denomina nanobiotecnología. Ejemplo: millones de pequeñas esferas construidas por nanotecnología pueden convertirse en el delivery para transportar dentro de los núcleos celulares material genético y enzimas para reparar los telómeros y revertir biotecnológicamente el envejecimiento celular.

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Lo urgente, lo inmediato, lo necesario muchas veces no tiene respuestas si no se genera oportunamente un basamento científico-tecnológico para el crecimiento. Aunque en nuestro país esto parezca una utopía, optimista por naturaleza, me animo a presentar el triángulo del conocimiento para el desarrollo.

 

Artículo publicado el 12/07/2007 en El Cronista Comercial - Nota - Opinión

 

 

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